La mujer Piscis (II)

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La mujer Piscis (II)

Mensaje  Saradia el Vie Ago 28, 2009 11:59 am

Es deliciosamente imprecisa y soñadora. No entiende nada de economía política, pero se las arregla para vestirse como si saliera de Sophie o de Saks, prepara frecuentemente comidas de siete platos para nietos múltiples y diversos, paga el alquiler a tiempo y, para las fiestas y los cumpleaños, hace unos regalos increíbles, todo con unos ingresos mensuales no mucho mayores que una de las propinas que deja Jack Benny. Se ha ganado el amor y el afecto de sus dos nueras, y también de un heterogéneo grupo de amigos, que abarca a la bibliotecaria, el portero, el dueño del bar de la esquina, el frutero, media docena de gatos y de chiquillos sin dueño, el carnicero, el vendedor de periódicos y -créame o no- el propietario de la casa. Creo que tiene un solo enemigo: el hombre a quien rechazó antes de casarse con su marido, que probablemente debido a su decepción, se refugió en la Legión Extranjera, y cuyo nombre dudo que ella recuerde. Son mujeres sin corazón, estas Piscis. Sutiles y engañosas. (Pero no intentes decirles eso a sus vecinos.)

Como los vientos de marzo, tu muchacha Piscis puede pasar por muchos estados de ánimo. Es tremendamente sentimental, y si sus sentimientos están heridos, llorará a torrentes. Te mirará con tal aire de reproche que te sentirás como si acabaras de disparar sobre un conejito. A veces, las mujeres Piscis piensan que están totalmente desprovistas para las difíciles batallas que impone la supervivencia; entonces se deprimen. Hay que decirle entonces que todos los que alguna vez han tenido la suerte de conocerla la admiran por su profunda sabiduría y su comprensión sin límites; normalmente, es la verdad del evangelio. La lección mas difícil que tiene que aprender la mujer Piscis es la superación de su timidez y de sus dudas. Si su miedo es muy profundo, se cerrará ante todo el mundo, y después se preguntará por que está sola. Muchas veces tiene miedo de imponerse, de exigir demasiado, de sacar ventaja, cuando esas cosas no se le pasan por la cabeza a nadie más que a ella.

Alguna que otra vez, la mujer Piscis disimulará su timidez y vulnerabilidad con agudezas, un barniz de complejidad mundana y una personalidad frígidamente independiente, pero todo eso no es mas que una capa protectora que le sirve para ocultar su incertidumbre a los ojos indiscretos de gentes torpes que, si ella no se protegiera, herirían su sensible corazón. Da cauce a su alma auténtica escribiendo deliciosos poemas líricos entretejidos con el hilo de sus sueños más íntimos y secretos. Cuando no escribe, es la imagen del puerco espín encallecido que quiere dar a la gente, como mujer de carrera. Sin embargo, ni siquiera este tipo de Piscis puede escapar a la influencia de su signo solar. Pese a su independencia hábilmente urdida, espera a que sea el hombre que está con ella quien llame el taxi. Hay algunas cosas que uno simplemente no hace, en lo que se refiere a las mujeres de Neptuno, y una de ellas es no actuar como una dama en publico Piscis engaña a muchos hombres que podrían serenar sus íntimos temores y hacerla desdecirse de su frecuente afirmación de que no necesita marido, que no haría mas que complicarle la vida. Imagínate, una declaración semejante en labios de una mujer que necesita pertenecer a alguien mas de lo que necesita dormir, comer o respirar.

La mujer Piscis dará todo su corazón a sus hijos, salvo esa gran porción que reserva para ti. Los amará a todos, pero tendrá cierta preferencia por los más feos, más débiles, más pequeños o enfermizos. Solo una estrella de cine nacida bajo este signo es capaz de hacer caso omiso de los rollizos bebés llenos de hoyuelos para adoptar al niñito lisiado y de ojos asustados. Las mujeres regidas por Neptuno son las que pueden demostrar mayor capacidad para entender la timidez de los niños y los sufrimientos del crecimiento de las torpes chiquillas adolescentes. Una madre Piscis teje sobre cada cuna la leve telaraña de mil sueños. Sacrificará cualquier cosa para que sus hijos tengan todo lo que ella no pudo disfrutar de niña. Es posible que sea demasiado tolerante con ellos; se le hace difícil imponer disciplina, y hay que hacerle comprender que la falta de firmeza puede ser tan negativa como el desapego y el descuido. En cierto modo, es una forma de descuido dejar librados a sí mismos a esos caracteres jóvenes que necesitan de una firme guía hasta que aprendan a nadar solos. Si peca por exceso de blandura, explícaselo con bondad, que Piscis lo entenderá sin amargura y empezará a usar alguna vez la zapatilla. Pero son muchas las mujeres de Neptuno que consiguen hallar un justo medio entre el rigor y la bondad, y sus vástagos dan testimonio de ello.

Trae a casa los garbanzos y el vino. Lo más probable es que prefiera no entrar en la competencia brutal del mundo comercial, a menos que tú tengas la imperiosa necesidad de que lo haga. Ya tuvo bastante de eso (si es una neptuniana típica) durante el tiempo que trabajo para esa gran empresa tan enmarañada, en espera de que tú vinieras a rescatarla. Algunas mujeres Piscis, aunque no todas, son a veces un poquitín derrochonas. Tal vez necesite que la ayudes a comprender por que el balance del banco no coincide con el que ella hace en sus talones, que parecen escritos en sanscrito. Así y todo, sabrá arreglárselas cuando la necesidad la obligue a renunciar a su champán favorito para limitarse a la leche descremada.

Piscis escucha al océano, porque el océano le dice cosas. En medio de la ciudad, sigue oyendo como las ondas de Neptuno susurran a su corazón mas cosas, tal vez, de las que ella quisiera saber. No pases por alto su cumpleaños o vuestro aniversario de bodas o el día en que le declaraste tu amor, porque ella no los olvidará. Me acordaré siempre de la amiga Piscis con la que iba a la escuela, en West Virginia. Era menuda, de largo pelo oscuro y en sus ojos de un color castaño verdoso brillaban las extrañas luces de Neptuno. De entre varios hombres, eligió para casarse a un gran astro del fútbol; fue una fuga totalmente inesperada. Recuerdo que ella le preguntó por que se le había declarado; sentía curiosidad. “Bueno -caviló él-, fue una cosa rarísima, pequeña. Ese día yo no tenía la menor intención de declararme. Estábamos en el parque, cerca de la piscina. Las chicas que estaban ahí tendidas al sol tenían el pelo todo mojado de nadar, y se las veía acaloradas y transpiradas. Tú estabas ahí sentada debajo de un árbol con un vestido de encaje blanco, y se te veía tan fresca y tan diferente de las otras. Parecías... bueno, yo diría que parecías una mujer. Ese es el sutil secreto de las mujeres Piscis. No importa que Piscis obedezca a la llamada de Neptuno como monja en un convento o como ronca cantante en un club nocturno; siempre es una mujer. De pies a cabeza. Cien por cien.
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