La mujer Piscis (I)

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La mujer Piscis (I)

Mensaje  Saradia el Vie Ago 28, 2009 11:57 am

-Bueno... ¿y tú que eres? -preguntó la Paloma-.
Veo que estás tratando de inventar algo.
-Yo... soy una niñita -respondió Alicia,
no muy convencida.

Se encontró finalmente en un jardín hermoso
en medio de los canteros y de las frescas fuentes.

La cola hacia la derecha, y por favor, no amontonarse. Es posible que no haya bastantes mujeres Piscis para que cada hombre tenga la suya, pero eso no es razón para indisciplinarse. Tendréis que respetar los turnos y esperar la mejor suerte.

Incluso sin astrología se han difundido los rumores referentes a los encantos de la mujer Piscis. Claro que también tiene sus puntos negativos, pero a la primera mirada es el sueño de todos los varones desde la escuela primaria, con un sabio toque de conejita de Playboy para mejor condimento. Mas vale que admitamos que la mujer moderna y emancipada, con su imagen de hierro forjado, ha hecho subir mas aún las acciones de las muchachas Piscis. Enturbiado el aire en la senda de los enamorados por toda esa libertad que predica la mística femenina, las recatadas, bonitas y desvalidas criaturas de Neptuno tienen que ahuyentar a los hombres a palos.

No es sorprendente que Piscis sea un trofeo. La mujer neptuniana, casada o soltera, rara vez trata de hacerle sombra al hombre que está a su lado. No tiene el mas remoto deseo, neurótico u oculto, de dominarle de ninguna manera. Con alegría en el corazón, deja que él le aparte la silla, le ponga el abrigo, llame el taxi, le encienda el cigarrillo y le repita hasta cansarse lo encantadora que es. Lo único que quiere es que él la proteja y se ocupe de ella; se siente contenta y feliz de apoyarse en el ancho hombro viril y de decirle, mirándole con ojos maravillados, lo fuerte que es él y lo mucho que ella necesita de su protección en este mundo hiriente. Piensa en todos los lobos que andan por ahí, en espera de devorarse a las Caperucitas Rojas; es bastante para que una chica tenga que sacar el frasco de sales. Y aunque no sea victoriana hasta ese punto (aunque muchas del signo del Pez lo son), sabrá escuchar con encanto el relato de los problemas masculinos y en momentos de crisis será lo que se llama una buena compañera.

Una mujer de este signo piensa que su marido, amante, novio, padre, hermano (y en realidad, cualquier hombre) puede darle una paliza al mundo entero con una mano atada detrás de la espalda y -siendo los hombres como son- es muy poca la cantidad de esa fe conmovedora que se necesita para convencerles a ellos de eso mismo. ¿Y te preguntas por qué es tan popular? La muchacha Piscis es una serena y acogedora rada de tranquilidad para su orgulloso macho, lejos del ruido del tráfico y del repiqueteo de las máquinas de la oficina. En su estanque de peces, las luces son suaves, amortiguadas, calmantes para los ojos cansados, agredidos por las luces de neón y por todas esas tontas cifras de la bolsa que ella no podría entender aunque en ello le fuera la vida. (Aunque si realmente le fuera en ello la vida, ya estaría sacándole punta al lápiz.)

En invierno usa esponjosos guantes de angora. En primavera, faldas pulcras y vaporosas. Los veranos la encontrarán enfundada en un minúsculo bikini. En otoño su aspecto será adorable, sentada a tu lado, viendo el partido de fútbol, con las manos en tus bolsillos porque si no, se le enfrían, y preguntándote a ti como va el partido. En todas las estaciones, eternamente femenina. A riesgo de quedarme corta, diría que los hombres acuden a ella como los abejorros a un bote de miel.

Tras una breve conversación con ella, un hombre se relaja instantáneamente. Se imagina un cálido fuego restallante en una noche de invierno, o se ve tendido en una hamaca, un fragante día de primavera, sin que nadie le incomode. Ella no deja de aclarar que jamás le culparía por ningún problema que tuviera en su carrera ni por accidentales errores. Esas cosas son siempre culpa de algún otro, no de su amado. Ella jamás le presionará para que se apresure; para ella, el ritmo que él lleva es perfecto. ¿Necesito explicar por que los Peces hembras son las mujeres mas peligrosas de todos los signos solares? ¡Señal de alarma! Advertencia: después de casada, es posible que te dé algunos codazos. Para ser mas exactos, que te dé un montón de codazos. En cierto modo, te lo mereces por haberte dejado cegar de esa manera por sus encantos. Habrá muchísimas veces en que se muestre incluso amargamente sarcástica, pero no hay mujer que no tenga sus defectos, y Piscis será amable con mucha mas frecuencia que pendenciera. Para convertirse en una fierecilla, tiene que verse impulsada por la extrema crueldad o haraganería de su compañero, y ¿quién ira a decir que un marido cruel o haragán no se lo merece? No seré yo; yo estoy con ella.

Además, su deliciosa feminidad oculta todos los fallos secundarios, y la mayor parte de las veces la chica típica de Neptuno es dulce, soñadora y femenina. Como el Pez nada al mismo tiempo en ambas direcciones, ella se adapta con toda facilidad a situaciones conflictivas que destrozarían los nervios de otras mujeres. Claro que, de vez en cuando, en la superficie habitualmente placida de su corriente de pensamiento pueden asomar como burbujas algunas palabras ásperas y un parloteo irritable. En ocasiones, una de estas sensibles criaturas que haya sufrido de pequeña un tratamiento severo en exceso, puede, en su amargura, separar los dos peces simbólicos de su signo, y esto quizá resulte muy triste. Se convierte entonces en un Pez solitario y desdichado, que nada siempre furiosamente y que siempre que se hunde en el intento de escapar vuelve a encontrarse consigo misma... sin comprender jamás que lo que la envenena es volver hacia adentro, hacia sí misma, su inagotable reserva de amor y de simpatía. Las drogas, la bebida y las falsas ilusiones ocultan a sus ojos la verdad y le impiden ver las rocas que hay en el río y que pueden destruirla. Pero la mayoría de las muchachas neptunianas conservan ambos peces simbólicos firmemente unidos en una acción fluida, que se desliza suavemente primero hacia atrás y después un poco hacia delante, de manera que nunca estarás del todo seguro del punto exacto hacia el que ella se encamina. De Piscis se dice que es un mar, profundo y misterioso, donde van a desembocar todos los ríos. Si conoces algunos de sus evasivos secretos, tendrás más oportunidades de pescarla. ¿Qué es lo que la hace nadar?

Ante todo, es sutil. Pregúntaselo a Nicky Hilton, Michael Wilding, Eddie Fisher y Richard Burton; todos ellos se casaron con una mujer Piscis. Con la misma, en realidad. Que no solo es sutil, sino a veces un poquito engañosa, cuando practica su arte de enredar hombres en sus zarcillos de esmeralda.

Claro que quizá tú conozcas una señora neptuniana que luce un delantal a cuadros y una sonrisa tímida, y es la síntesis suprema de la esposa consagrada, perfecta ama de casa y madre tierna. Estarás pensando que no es ni sutil ni engañosa. Perdona que te lo diga sin rodeos, pero te equivocas. A esa mujer Piscis que te parece diferente, yo también la conozco, o conozco una exactamente como ella. Es una viuda que vive en el Bronx, y se llama Paulina. También luce un delantal a cuadros y una sonrisa tímida: la caracterización completa. ¿Cómo es posible que una imagen tan eglógica pueda resultar engañosa? Te lo diré. Ante todo, para enredar a los hombres usa las cintas del delantal (porque no tiene zarcillos de esmeralda; el año que viene, tal vez). Es una mujer pequeña que ha conseguido hacer frente a la pérdida de un hijo amado, a la angustia, el aburrimiento, la tragedia, el miedo, la pobreza e incluso a la confusión de momentos súbitos y fugaces de riqueza. Se las ha visto con las rodillas magulladas de sus hijos, sus notas, las galochas perdidas; con un marido desaliñado que los domingos insistía en invadir su pulcra cocina, y con la mayor aglomeración de parientes políticos -que hablaban ocho idiomas al mismo tiempo- que se haya visto fuera de las Naciones Unidas. Ha afrontado toda esa mezcolanza que le impuso el destino como lo hubiera hecho Rocky Graziano. ¿A eso le llamas suavidad? ¿Y delicadeza? Hasta el día de hoy, sus dos hijos varones la consideran una criatura encantadora, un poco infantil, desvalida, atolondrada, que necesita protección y que no es capaz de entender del todo como funciona la cerradura que hay en la puerta de la calle.
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