Sagitario, el Arquero (del 23 de Noviembre al 21 de Diciembre) COMO RECONOCERLO (I)

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Sagitario, el Arquero (del 23 de Noviembre al 21 de Diciembre) COMO RECONOCERLO (I)

Mensaje  Saradia el Vie Ago 28, 2009 10:40 am

Podéis acusarme de asesinato o de falta de juicio (ya que todos cometemos errores): Pero ¡qué retorcida parece! ¡Nada que se asemejara a un fraude!

Vería mucho mejor el jardín... si pudiera llegar a lo alto de esa colina: y aquí hay una senda que va directamente... por lo menos; pero no, no es así... Pero supongo que al final llegará. Pero, ¡qué retorcida parece! Bueno, entonces, iré por el otro lado.

Diría que encontrar un ejemplo de este signo solar es tan fácil como sonarse la nariz, pero no es verdad; es mucho más fácil que sonarse la nariz. Vete a cualquier fiesta y mira en el centro del grupo más bullicioso. ¿Ves el tío ese que esta ahí sentado alegremente con un enorme pie metido en la boca? Es un Sagitario que acaba de meter verbalmente la pata, pero todavía no lo sabe. Cuando se dé cuenta se mostrará un tanto perplejo... y los que le rodean le mirarán con odio.

El Arquero es capaz de acercarse, darte una cordial palmada en la espalda y sonreírte amistosamente. Después, te saludará con un comentario del tipo de: “¿Que demonios haces para parecer tan joven, con la edad que tienes?”; o: “Vaya, que bien te queda este suéter de cuello cisne. Siempre tendrías que usarlo, porque así disimulas la papada”. Después de una de esas alegres aperturas, Sagitario seguirá con su brillante sonrisa, pero la tuya habrá empezado a marchitarse un poco. A él le costará un rato darse cuenta de que fueron sus palabras las causantes de tu seriedad, y más tiempo aun necesitara para entender por que. Entonces procurará explicarse. Trata de mantener la calma, porque la explicación será peor.

Caramba, ¿no entendiste lo que quería decir? Pues que le parece fabuloso que no representes mas de veinticinco años cuando en realidad tienes treinta y ocho (seis años mas de los que efectivamente tienes). Y en cuanto a lo de la papada, es mucha la gente de tu edad que tiene cierta flojedad en la región del cuello. Si únicamente se te ve de costado, así, cuando vuelves la cabeza. Con no dejar que te saquen fotos de perfil, ya está.

Tras haber explicado cuidadosamente sus meteduras de pata verbales, y conseguido que tú volvieras a sentirte bien, Sagitario seguirá alegremente su camino, silbando un tema del último éxito de Broadway. Cuando volváis a encontraros y tú le demuestres frialdad, se sentirá dolido e intrigado. Con él, de nada sirve enojarse ni molestarse; Sagitario no actúa por maldad. Sus exabruptos verbales son fruto de la más absoluta inocencia y, por lo general, tampoco entiende que cuando trata de arreglar las cosas resulta ofensivo además de hiriente. No le juzgues con dureza, porque esta animado de buenas intenciones. Tampoco necesita de tu compasión... ni de la mía. Bajo su falta de tacto hay una mente sumamente despierta y de principios elevados. Su peculiar combinación de ingenio, inteligencia y fogoso impulso lleva por lo común al Arquero directamente al círculo de los vencedores. Lo realmente fastidioso es que para la gente de este signo, varones o mujeres, su torpeza verbal es inconsciente; están convencidos de que son los seres más diplomáticos del mundo. Siempre dicen que son incapaces de herir los sentimientos de nadie y que ponen gran cuidado en no hacerlo, y lo creen sinceramente. Es mas, todo lo que hacen lo hacen sinceramente. Cualquier forma de fraude y engaño les produce una gran consternación.

Sus características físicas no son difíciles de reconocer. Busca un cráneo bastante grande, de buena configuración y frente alta y despejada. Los rasgos serán abiertos y joviales, como si invitaran a la amistad y al intercambio de ideas, y los movimientos serán normalmente rápidos (aunque encontraras algunos Arqueros que se mueven de manera lenta y deliberada). Con frecuencia harán gestos amplios y arrolladores, que pueden ser dramáticos y vigorosos, pero es posible que no tengan mucha gracia. Sagitario suele gesticular mientras habla, y puede derramar el ketchup. Cuando avance decididamente con la cabeza alta, tropezará al subir a la acera, y es fácil que al mismo tiempo se le abra la cartera y se le desparramen todos los papeles por la calle.

Los ojos de la gente de Júpiter son tan brillantes y alertas como los de un gorrión, chisporroteantes de humor placentero. Los Arqueros suelen ser muy altos y de aspecto atlético, o si no mas bajos que la media, de cuerpo fuerte y recio. Los altos te harán pensar en caballos de pura sangre o potros fogosos. En su juventud especialmente, muchos suelen llevar un mechón de pelo suelto que les cae sobre la frente, como la crin de un caballo, y que se echan hacia atrás con una sacudida de la cabeza o un rápido movimiento inconsciente de la mano. Este hábito puede perdurar mucho después de que hayan adoptado otra forma de peinarse, o cuando ya la calvicie es avanzada.

La gente Sagitario es normalmente inquieta; no pueden estar sentados o quedarse quietos. Físicamente, el Arquero no pasa inadvertido, aunque solo sea por su evidente confianza y su desdén del comportamiento convencional. Camina como si realmente fuera a alguna parte, sin vacilación ni detenciones. (Pero recuerda que un ascendente en conflicto puede retardar su paso.)

La primera vez que le encuentres, es posible que Sagitario vaya montado a caballo o paseando su perro: ama apasionadamente a los animales. Frank Sinatra, que es Sagitario, ordenó una vez a su chofer que detuviera el coche porque vio un perro herido en la calle. Tenía programado un ensayo de televisión, pero los músicos, el director y los cámaras tuvieron que esperar a que el cantante hubiera llevado al perro a un veterinario -que le aseguró que en pocos días estaría bien- y hubiera dado con el dueño del animal.

En cambio, cuando Sagitario tiene influencias desfavorables en su carta natal, puede sentir un miedo enfermizo a los animales, pero estos casos no son frecuentes. Por lo general, la gente nacida bajo la influencia de Júpiter no teme a nada. Al Sagitario típico le atrae el peligro, ya sea en el deporte, en su trabajo o en sus pasatiempos. Para el Arquero, un elemento de riesgo significa excitación y desafío. Les encanta la velocidad; los coches veloces, los aviones, la montaña rusa, incluso, ejercen sobre ellos una atracción magnética. Los más temerarios pilotos de pruebas suelen ser Sagitarios. Al jupiteriano medio nada le proporciona tanto placer como salvarse por un pelo, en cualquiera de sus variantes, ya sean emocionales o físicas; le resulta euforizante. Se arriesgan en cualquier cosa, a menos que un signo más manso en el ascendente diluya la osadía de Júpiter.

Hay una diferencia entre la legendaria aspereza del Arquero y la brutalidad verbal de Escorpión. Escorpio dice la verdad con plena conciencia de su efecto, y se niega a cualquier tipo de compromiso. Sagitario es totalmente inconsciente del efecto que producen sus palabras, palabras que pronuncia bajo impulso de su honradez compulsiva. Escorpio no se duele demasiado de las heridas que causan sus afirmaciones; para él, verdad es la verdad, y si no puedes soportarla, pues no preguntes. Los regidos por Júpiter, en cambio, se sienten abrumados y desolados por su propia falta de discreción, cuando descubren que han herido realmente a alguien. Resultarían conmovedores, si no fueran tan exasperantes.

Lo que el Arquero piensa y siente, lo dice en forma casi inmediata, con la franqueza y seriedad de un niño de seis años Aquel viejo dicho: “Si quieres la verdad, pregúntale a un niño sigue siendo válido introduciendo un pequeño cambio: si quieres la verdad, pregúntale a Sagitario.

En el mundo editorial neoyorquino hay una mujer de quien se dice exactamente eso: “Si quieres la verdad, pregúntale a Kay... si eres capaz de oírla”. Kay no es solo una Arquera auténtica, sino que tiene influencias adicionales de Sagitario en carta natal. Doble Júpiter, podríamos decir. Es cálida y gentil rosa, como es típico del signo, y tiene montones de leales amigos que la adoran, como también es típico del signo. Y bien leales tienen que ser, y muchos tienen que amarla, para sobrevivir a incidentes como el de hace tres años, cuando su grandeza de corazón la llevó a decidir que era hora de cambiar completamente el guardarropa de invierno de su secretaria. La chica estaba sin nada de dinero, porque acababa de pasar por un desastre económico, y el ofrecimiento la conmovió hasta las lágrimas. Otros se habían compadecido de ella, pero aparte de Kay, nadie se había ofrecido concretamente a echarle Una mano. Dejad que Sagitario se ocupe. (Esto admite más de una interpretación).

Un hermoso día de otoño las dos se dirigieron a una de las tiendas elegantes de la Quinta Avenida, en una fiebre de femenina anticipación. La pobre secretaria deliraba de felicidad hasta que entraron en el ascensor. De pronto, Kay la estudió largamente con mirada apreciativa y declaró firmemente en voz alta: “Será mejor que vayamos primero al Departamento de Gordas”.

El arrobamiento extático cedió inmediatamente paso al aturdimiento del shock. El novio de la secretaria le decía siempre que era “agradablemente llenita”. Ahora, un doloroso relámpago de sinceridad jupiteriana la había convertido en un pequeño hipopótamo. La muchacha todavía recuerda como se dieron la vuelta a mirarla con curiosidad todos los que iban en el ascensor, mientras ella se preguntaba si su novio no la encontraría secretamente grotesca. Pero la buena de Kay arregló las cosas; al advertir la confusión de la chica, le hizo inmediatamente un chiste para levantarle el ánimo: “Y si allí no encontramos nada que te vaya bien, siempre podemos probar con las tiendas en el Departamento de Camping. Todos los que iban en el ascensor se unieron a las carcajadas con que Sagitario festejó su propia broma.

Poco después de la cálida y generosa excursión con su secretaria, Kay puso la mira en su jefe, el editor, a quien el médico había ordenado que no bebiera durante un año. Un año entero. Había sufrido una hepatitis infecciosa y no debía probar alcohol; ni una gota. Después de doce largos meses sin humedecerse siquiera los labios, estaba lógicamente orgulloso de su fuerza de voluntad. Kay, que acababa de volver de Europa, le salió con uno de los cumplidos típicos de Sagitario.

-¿Que tal la bebida? -empezó, mientras él la escuchaba sonriente-. Me dijeron que está tratando de no empinar el codo.

...Tratando? ¿Después de doce meses sin una sola gota, tratando? Mientras él recuperaba la compostura, Kay siguió impertérrita:

-¿Sabe que mañana por la noche hay una fiesta por el libro de Joe? Pensaba que tenía que advertirle, pero nunca puedo verle a solas.

¿Advertirle? ¿Advertirle de qué? Ante la nueva amenaza, el editor se olvidó de su disgusto. Ella prosiguió:

-Todos esperamos que... bueno, no es fácil decirlo, pero esperamos que no arruine usted la fiesta. A esas alturas el editor se había quedado mudo, pero Sagitario no.

-A lo que me refiero es a que esperamos que no nos estropee la velada quejándose de que no puede beber y todo eso. A Joe le gusta tomarse unos martinis, y después de todo, el libro obtuvo el premio de Selecciones Literarias. Si usted anda por ahí como un alma en pena, haciendo sentir desdichado a todo el mundo, será un desastre. Oiga, ¿uno no se contagia al estar en la misma habitación que usted?

El interpelado consiguió tartamudear que no había peligro, y después reunió los jirones de su dignidad herida lo bastante para recordarle que él mismo había ofrecido fiestas a autores como Edna Ferber y Ernest Hemingway, sin cometer torpeza alguna.

-Siempre me han dicho -profirió entre los dientes apretados- que mis modales son impecables.

Sagitario, sin advertir que su jefe estaba al borde de la apoplejía, se mostró calurosamente de acuerdo con él.

-Seguro, como anfitrión es usted fabuloso. En el mundo editorial no hay quien lo entienda.

Al editor apenas si le quedaba aliento para preguntar que había que entender, y la respuesta de Kay le sacó de dudas.

-¿Como puede ser usted tan impecable como anfitrión y tan insoportable como invitado? Cuando usted da una fiesta es una maravilla, pero cuando va a alguna parte siempre mete la pata de forma espeluznante.

De pronto advirtió que había otra cosa espeluznante: la cara de su jefe, que se iba poniendo de color púrpura. Súbitamente contrita, la cordial Arquera se apresuró a disculparse:

-Ay, espero no haber dicho algo que no debía. De todas maneras no importará como se porte usted, con el afecto que Joe le tiene. Hoy mismo nos estaba diciendo a todos lo contento que está de haberse decidido a editar su libro en nuestra empresa a pesar de la opinión contraria de su antiguo agente. No entiende por que hablan tan mal de usted. Yo le dije que no son más que celos de la gente. Oiga, no tiene muy buen aspecto, tan rojo. ¿No será mejor que cambie de médico?

(Se rumorea que a partir de esa noche el jefe de Kay volvió a empinar el codo, en forma permanente.) ¿Que si fue despedida? Nadie se va a animar a despedirla. Como dije al comienzo, todos la adoran.

Es difícil estar durante mucho tiempo resentido con el Arquero, siendo tan patente su falta de mala intención. A estos idealistas encantadores e inteligentes se les encuentra en cualquier momento en casi todas partes. Puedes verle arrojar sus azarosas flechas desde la pantalla de tu televisor algún domingo por la noche, dejando a los astros y estrellas invitados aturdidos, mudos y atónitos ante su franqueza. También puede tocarte como taxista algún lunes por la mañana, y explicarte alegremente por que le revientan los pasajeros que son tacaños con la propina... aunque también te lo puedes encontrar un viernes por la noche de camarero en un restaurante, donde te aconsejará con toda seriedad que no pidas ostras porque están un poquito pasadas.

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